Querido lector, querida lectora,
Este es el blog de alguien que nunca quiso tener blog.
Un blog exige constancia, dedicación, actualización, conocimientos y cierto grado de habilidad escritora, características todas ellas con las que no quería ni podía comprometerme.
Además, los blogs ya están en deshuso ¿no? Ya todo el mundo utiliza Instagram y poca gente quiere leer tochos de las cosas cotidianas de los demás pudiendo colgar un selfie propio. Por otro lado hace siglos que no viajo más allá del recorrido del Tram y las recetas de cocina se me dan realmente mal, ni tampoco tengo cosas que vender, por lo que la temática del blog, además es otro problema.
Que también dices, tendría que ser un blog sobre educación, que es lo que corresponde en este caso y además es lo que estás tocando, leyendo y haciendo a todas horas y luego piensas ¿puede alguien morirse empachado de tanta información sobre educación? Lo cual es una estupidez, nadie ha muerto de algo así, si no, se sabría en las noticias. A menos que haya una conspiración muncial de silencio sobre esto y resulte que... que bueno, ejem, no divaguemos, sigamos con el tema de esta entrada ¿veis por qué nunca quise un blog?
Y como no podía "vender la moto" a mis chicos y chicas de la MP1013, que si ellos hacían blog, yo tenía que "saber" y también "saber hacer" lo que era un blog (lo del saber estar ya lo iremos viendo). Y conocer lo que era el permalink, el blogroll, el trackback y todos esos palabros de la blogosfera (otro palabro también).
Y ahora ya lo sé. Y ya os lo puedo contar o lo podéis ir leyendo aquí.
Porque yo nunca quise un blog, pero aquí estoy, aprendiendo con éste.
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